La fresa, el arándano, la frambuesa y la zarzamora están entre los productos más delicados que se exportan desde México. Se magullan fácil, se deshidratan rápido y son muy sensibles a la temperatura. El empaque correcto no es un lujo: es lo que decide si tu fruta llega vendible o llega como merma.

El reto: una fruta que no perdona errores

A diferencia de un limón o una caja de vegetales robustos, los berries no toleran ni golpes ni exceso de humedad ni cambios bruscos de temperatura. Y como casi siempre viajan refrigerados largas distancias, el empaque tiene que trabajar en condiciones difíciles durante días.

Ventilación: lo más importante

El enfriamiento rápido (lo que en la industria se llama pre-cooling) es clave para alargar la vida de los berries. Para que funcione, el aire frío tiene que poder atravesar la caja y llegar a la fruta. Por eso las charolas y cajas para berries tienen patrones de ventilación amplios y bien distribuidos: permiten que el frío entre y que el calor de la fruta salga.

Una caja mal ventilada atrapa el calor en el centro del pallet, y ahí es donde la fruta se echa a perder primero.

Control de humedad sin debilitar la caja

Dentro de la cámara fría se genera condensación. El problema clásico: el cartón absorbe esa humedad, se ablanda y deja de sostener el peso. Cuando eso pasa en la fila de abajo del pallet, las charolas colapsan y aplastan la fruta.

La solución son papeles de alto desempeño y recubrimientos que resisten la humedad. Mantienen la estructura firme aun en ambiente frío y húmedo, durante todo el trayecto.

Estiba: cada charola sostiene a la siguiente

Los berries se empacan en charolas con canastillas (por ejemplo, 12 canastillas de 6 onzas). Esas charolas se apilan, y cada una debe soportar el peso de las que tiene encima sin ceder. Una charola bien diseñada distribuye la carga en sus esquinas y paredes, protegiendo la fruta del aplastamiento.

Resumen: lo que tu empaque de berries necesita

  • Ventilación amplia: para pre-cooling eficiente y flujo de aire frío.
  • Resistencia a la humedad: papeles que no se ablandan en cámara fría.
  • Estiba firme: que aguante el apilado sin aplastar la fruta.
  • Formato adecuado: charolas con canastillas según el producto y mercado.

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